Un copiloto que ve todo tu restaurante. Decides tú.
MarginCue lleva dentro un sistema inteligente que ve todo tu restaurante — ventas, margen por plato, previsión, cocina, compras, caja y reservas — y te propone lo que conviene decidir. Tú decides con un toque, y cada decisión queda registrada con su porqué.
Tus números viven repartidos. Cruzarlos es el trabajo.
Las ventas en un sitio, los costes en las facturas, los turnos en un grupo de mensajes, las reservas en otra pantalla. Cruzarlos es trabajo — y suele quedarse sin hacer. En MarginCue todo eso entra en el mismo sistema, así que el copiloto puede leerlo junto y decirte lo que importa: qué plato se te ha quedado corto de margen, qué noche te falta un cocinero, qué proveedor te ha subido un ingrediente. No te enseña datos: te propone decisiones.
«¿Cómo va hoy?» Responde con tus datos.
Mira tu estado antes de contestar. Antes de responder mira el estado de tu restaurante: la demanda prevista, los cubiertos reservados sobre tu aforo, el margen de la carta y si la plantilla cuadra. La respuesta es sobre TU día, no un texto genérico — y debajo queda el rastro honesto: «miró tu estado de hoy».

«Aprueba la subida del solomillo» Te lo deja propuesto.
Propuesto, no hecho. Un cambio de precio no se ejecuta por decirlo en un chat: el copiloto lo prepara con su porqué y te lo deja delante con Confirmar y «Ahora no». Sin tu toque no pasa nada. Si tu restaurante exige aprobación del dueño, esa regla también obliga al copiloto.

«Registra este albarán…» Y monta el borrador.
Línea a línea, para que lo revises. Se lo puedes escribir — o adjuntar la foto del papel — y monta el borrador con cada línea, cantidad y coste para que lo revises antes de registrar. Con eso tu coste de ingredientes se mantiene vivo: es lo que alimenta el margen real por plato.

Cada mañana, el copiloto se adelanta.
Te espera el día resuelto. Al abrir el día te espera un repaso corto con lo que hay que decidir hoy — un plato que se quedó por debajo del margen tras una subida de coste, una noche con la cocina corta de manos — y cada cosa llega ya resuelta, con su propuesta y sus dos botones. Un día tranquilo no te interrumpe: si no hay nada que decidir, no inventa nada.

Te dice qué no ve todavía.
Honesto también al arrancar. Un copiloto solo es tan bueno como lo que ve. Por eso el tuyo te dice qué fuentes de tu local aún no tiene — con el dato que lo sostiene y el paso concreto que la enciende, empezando por la que más vista le daría. Nada de rellenar formularios a ciegas: completas lo que le da valor a lo que ya haces.

Tú decides — y se puede comprobar.
Nada de lo que propone el copiloto se aplica solo, salvo que tú mismo actives esa delegación con un tope — y la puedas revocar al instante. Hay una parada de emergencia que lo corta todo. Y cada propuesta, aprobación y cambio cae en el registro de actividad con quién y cuándo, con atribución honesta: lo que hiciste tú, lo que propuso el copiloto y lo que aplicó el sistema con tu permiso, cada uno con su nombre. Esa es también la base de la cifra que más nos exige: cuánto te ha hecho ganar, medida contra tu propia línea base, no estimada.
Las reglas del juego no son letra pequeña: son los compromisos públicos de la política de precios, y valen también para el copiloto.
Verlo con tu carta
Lo de arriba es un local de ejemplo. Si quieres ver al copiloto con tus platos, tus costes y tus números, hablamos y te lo enseñamos en una demo — con tu carta delante, sin compromiso.